La vida es multidimensional pero debido a que algunas dimensiones son más habituales para nuestra percepción, nos perdemos otras. Ver muchas dimensiones no es algo que se dé por sí sólo, requiere una mente con dinamismo y apertura suficiente. Mmmm… en realidad no bastan la apertura y el dinamismo, vamos a admitir que se requiere valentía. Dinamismo sería lo contrario a comodidad, la comodidad nos mantiene en lo conocido, en el hábito, en el status quo; vaya por Dios cuanto nos quedamos allí. Allí las cosas “son como son”, la tradición “es la que es”; cuestionarla, matizarla da mucho, mucho trabajo y da miedo. Puede alejarnos del clan, del grupo de referencia, claro que asusta.

Hoy día de la madre, podríamos tomarnos el trabajo y tener el valor de incluir otras dimensiones.

Hemos asignado a la madre la función de nutrir, cuidar, proteger y sustentar la vida. Lo hicimos bien, es real. Pero es injusto convertirlo en el centro de la identidad femenina; injusto para ellas, para sus hijos y para los padres. Si mama es tan grande y su identidad se fundamenta en ser todo para sus hijos, no soltará el papel a tiempo y seguirá siendo madre cuando sean adultos; se ve todos los días.

El viaje de la maternidad es saberla uno de nuestros roles, sagrado sí, pero sólo una faceta de la vida. Incluso es más, ojalá admitamos que en ese rol no hay que ser ni perfecto, ni perfectamente sacrificado. Las madres son personas, tuvieron sus heridas, tienen derecho a equivocarse, estar cansadas, no saber, estar asustadas… Si les damos ese derecho también les concedemos permiso de pedir ayuda. Hasta donde he podido ver en mi vida y la de todos los que han pasado por ella, ayudarnos es e-sen-cial. Esencial es indispensable. Hablar de lo que no podemos, no sabemos, sin culpa ni vergüenza es una medicina milagrosa y no lo hacemos lo suficiente.

Quizás la maternidad sea mucho más que el vínculo de un hijo/a con su madre, posiblemente sea la función de la consciencia de nutrir. Quizás sea bueno asumir que es mi tarea ser mi propia madre ( sea yo hombre o mujer) y reparartodo aquello que mamá no supo, no pudo o no quiso hacer, sin culparla.

Es posible que redistribuir las cargas nos venga bien a todos, de hecho se observa una generación de padres más comprometidos con la crianza y eso es una bendición.

Las madres no son omnipotentes, necesitan a sus maridos, necesitan a sus amigas y necesitan dejar de creer que han de cuidar de sus hijos siempre.

Cuando dejan de creerlo y buscan la distancia apropiada ( variable en cada caso) la van encontrando y permiten a sus hijos experimentar, equivocarse, lastimarse y aprender. Ese ir soltando las une a los hijos, contrariamente a lo que muchas creen; al fin y al cabo cuando la madre suelta libera al hijo de la necesidad de huir, mentir o someterse. Ese ir soltando lejos de empobrecerlas, les permite ser otras cosas además de madres y las acerca a la verdad.

Así que liberémonos, liberémoslas y festejemos hoy que “madres” son todos los seres que asumen la tarea de cuidar de sí mismos y de los demás, sin descuidar.

Feliz día de la madre para todos, todas.

Isabella Di Carlo

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